martes, 8 de octubre de 2019

EN SENTIDO CONTRARIO


En sentido contrario

  Ayer tardé más tiempo en estacionar el vehículo, en traer mi cuerpo a la vida, en golpear de golpe y susto la inmaculada concepción de un cuerpo que se despierta para entender lo que realmente quiero hacer y de puro sacudón entro entre la pared y el olvido.

  Así que decidí compartir estos escritos que encontré de Natalia Luna: dos poemas “La vida no puede ser una sucesión de máquinas descompuestas” y “La guerra que perdimos” y un cuento “Estación Estocolmo”. Los encontré de casualidad  como vagabundos deambulando en sentido contrario. Corriendo peligro, caminando en contravía por la Avenida en la Zona Centro de la Ciudad.

  Y, ¿qué es en realidad caminar en sentido contrario? Me pregunto, mientras los veo sin preocupaciones, o demasiado preocupados, ausentes, libres tal vez de la cotidianidad.
Ir en sentido contrario, de muchas formas está prohibido y la única razón pudiera ser, conservar el orden y evitar chocar unos con otros.

  Los grandes conflictos en el mundo incluyen, por supuesto, ese sentido contrario que puede volverse absurdo porque los seres humanos buscamos inconscientemente el bienestar propio, casi siempre disfrazado de comunidad sin querer, yendo en sentido contrario. 

  He allí lo importante de estos días, quería llevarme la contraria, podía hacerlo y lo hice: este hecho lo volví tan mío que ese despertar, así sea tarde, no tenía nada más que seguir el caminar de los vagabundos. Comenzado proseguir, no mentirme,  diciendo, que ya no era lo que quería hacer y lo hice. Todos, a final de cuentas, estamos siendo una máquina descompuesta y como vagabundos del mundo, todos tenemos derecho a caminar por media calle, a chocar de vez en cuando con otros y sean ellos quizá, quienes tengan mejores razones y nos hagan aprender.
   

   Porque la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita, aquí están los dos poemas y un cuento de Natalia Luna. (Monterrey, Nuevo León, 27 de abril de 1989).








La vida no puede ser una sucesión de máquinas descompuestas


  La vida no puede ser una sucesión de máquinas descompuestas
el frasco de hierba que se acaba
una caja de plástico con un oso en la portada
no puede ser lo que pasó hasta ahora y ya
ni la resignación de no viajar por no molestar al pasajero de al lado
de no dormir en el camino
de pegar una y otra vez los huesos rotos.

  La vida no puede ser un cuarto oscuro si no es para revelar fotografías
ni la luz roja puede ser la de un semáforo no
la vida no es una carretera con peligro de ser ametrallado
ni solo tierra ni pura agua.

  No podemos arder sin tregua sin destruir nada
no es un surco en la vida de alguien más
no son episodios dispersos no puede reducirse a una sola anécdota.

  La vida no puede ser una sucesión de máquinas descompuestas.


La guerra que perdimos


  Caeremos por la puerta abierta del vagón que avanza sobre el aire
a saber lo que sintieron otros cuerpos triturados
cuya única evidencia es esta lluvia horizontal de carne y sangre acariciándonos la cara

  Entre el tumulto
el calor inconfundible de una córnea calienta mis uñas, rayan las pestañas

  Tú, a la distancia, pides tranquilo auxilio porque no por primera vez estás ante el cañón de una pistola.

  La calle es lo que cuelga debajo de los cables y hay silencio
ya lo único seguro es la circulación que ocurre cerca del oído.

  Espero que la lumbre, el ardor que hierve la piel de los cadáveres recientes
disuelva también la guerra que perdimos.


Estación Estocolmo


  Bajé a la estación Estocolmo pensando en un regalo de cumpleaños que pudiera encontrar antes de la fiesta. Era ya de noche y, al principio del andén de la dirección Oeste, una fina barrera de mujeres miraban ansiosas el túnel en espera del tren. Caminaba hacia ellas cuando escuché el primer tamborazo; ni bien había volteado, el segundo, y antes del tercero había distinguido al músico, seguido por unos siete hombres vestidos de negro con rojo, caminar también hacia nosotras. No reaccioné inmediatamente, sino hasta que vi venir al resto de los hombres, y oí la voz del músico gritar por su altavoz.

 Lo que sigue sucedió más o menos despacio. Nos hicieron tirarnos al suelo con la cabeza pegada a la pared de los andenes, de una dirección y de otra. Pensé que, lo que pasara, no iba a pasarme solo a mí. Tranquilidad. Controlé mi respiración mientras contaba mentalmente el dinero que llevaba conmigo, repartido en ambas bolsas de mis jeans oscuros. Mis jeans. Si llegaba a la fiesta, sería con un costado manchado de polvo. Sin querer estaba viendo ya a un hombre, quien caminaba frente a nosotras, a los ojos. Al darme cuenta me sorprendió que no me ordenara bajar la vista. Ninguno llevaba el rostro cubierto.

  ¡La idea es nuestra y nos despidieron! Gritó el músico a través del altavoz, hemos sido despreciados por crear una esfera diferente donde las ideas de todos nosotros reinen. 

  El hombre caminó hacia la mujer a mi espalda para arrebatarle tranquilamente su dinero, en tanto sus compañeros hacían lo mismo con las mujeres frente a mí. En mi turno no volteé para verlo a la cara: dejé que metiera las manos entre mi ropa y no opuse resistencia. Cuando avanzó, con una pequeña sensación de triunfo agradecí que no hubiera revisado el lado que tenía contra el suelo.

  Nos hicieron levantarnos. Nos ordenaron saltar a la vía, a los rehenes de uno y otro lado. Caímos unos sobre otros, ya sin dolor los últimos. En cuanto escuchamos venir el tren recibimos también la orden de subir a los andenes. Al hacerlo, en el forcejeo, una mujer hirió mi brazo con sus uñas. Del tren semivacío bajaron más hombres de negro y rojo identificándose a sí mismos como Creativos, gritando consignas sobre el egoísmo de los corporativos, sobre la capitalización de la genialidad.
  
Permanecimos sentados en el suelo hasta que los Creativos comenzaron a dispersarse. Uno de ellos se acuclilló a mi lado, extendiéndome una caja anaranjada. Esto es de Dimitri, dice que te conoce. Es para compensarte por lo que pasó hoy. Y más bajo: Cuando nos hayamos ido, ve al cuarto blanco.

  No conocía a ningún Dimitri, pero supe de inmediato a quién se refería. La mujer a mi lado me miró con curiosidad y luego a la caja, cuando comencé a abrirla con cuidado. 10 mascadas de diseñador estampadas estaban cuidadosamente dobladas en su apartado. Una de ellas exhibía un patrón de matrushkas y otra una escena de los Andes. Cerré la caja y me levanté para abandonar el andén cuanto antes.

  El cuarto blanco no es otra cosa que la habitación de la que disponen los veladores. Redondo, bastante más iluminado que el resto del espacio, es sencillo de localizar a un costado de las escaleras eléctricas de las estaciones. Me detuve en la entrada sin saber qué esperar. Algunos hombres de negro y rojo se secaban el sudor y hablaban entre sí. Dimitri permanecía de pie en el centro del cuarto, viéndome tan serio como en el andén. Por un momento pensé en dar la vuelta, pero la curiosidad fue más fuerte.
  
  Me acerqué. Sin pensar demasiado levanté ligeramente la caja que llevaba en las manos. Gracias, dije. Me abrazó con cuidado, pero con fuerza, y alejándose un poco murmuró: Son para mí. Revisó mis brazos con la vista, encontrando la herida. La tocó suavemente. Estarás bien.

  No llegué a la fiesta. Es de mañana y las mascadas están extendidas sobre mi sofá. Tienen la forma de poliedros desdoblados, la textura de la seda, broches de presión en las orillas. En el fondo de la caja encontré un instructivo. Se trata de pañuelos transformables japoneses; siguiendo el manual podrían llegar a convertirse en camisas. En el reverso de la caja hay un mensaje escrito a mano. Estoy eligiendo la mascada que doblaré y usaré para salir por primera vez con Dimitri.

Reseña:
Natalia Luna. Monterrey, Nuevo León, 27 de abril de 1989. Egresada de la Facultad de Artes de Visuales de la UANL y directora de contenido de la agencia de web marketing Denumeris Interactive. Es autora del libro de poesía Agorafobia (UANL, 2010). Su trabajo ha sido publicado en antologías regionales como Verso Norte Bitácora de Voces (Posdata Ediciones, 2008) y El Sueño y el Sol (Ediciones Intempestivas, 2011). Obtuvo dos primeros lugares del Certamen de Literatura Joven de la UANL: el primero en 2007 por el cuento El Ojo y en 2008 en poesía por Cualquier Ciudad. Su poemario Los Televisores Encendidos de la Noche fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Jóvenes Escritores Guillermo López Muñoz en 2013.

Apartes de  esta publicación tomadas de:
http://poesiareferencial.com/especial-de-abril-natalia-luna/ descargado y leído 08 de octubre de 2019
https://revistaliterariamonolito.com/poemas-de-natalia-luna/ descargado y leído 08 de octubre de 2019
Imaguenes tomadas y editadas de la Web libres

miércoles, 3 de julio de 2019

Algunas novelas de escritores nariñenses publicadas en la década 2009-2019 Por J. Mauricio Chaves-Bustos.


Algunas novelas de escritores nariñenses publicadas en la década 2009-2019

Por J. Mauricio Chaves-Bustos.



Han pasado 125 años desde que Rafael Sañudo escribiera La expiación de una madre, la que se considera la primera novela escrita en suelo nariñense. De ahí han corrido ríos de tinta, se han publicado muchas novelas que atiborran las bibliotecas de autores nariñenses. Si bien fue un género que tuvo un inicio tardío, hoy por hoy son varios los novelistas que podemos leer en nuestro departamento, pasando por diferentes escuelas y diversos modos de escribir. Es por ello que queremos, en estas cortas líneas, listar a los novelistas que han publicado sus obras en los últimos diez años.
Rafael Sañudo

Debo confesar que muchas de esas novelas no las conozco sino por mera referencia; otras, las he leído y conforman mi biblioteca de Autores Nariñenses que espera algún día ser donada a alguna institución del Sur de Colombia.
De lo que si estoy seguro es que cantidad no significa calidad, algunas de las que he leído no pasan de ser meros ejercicios escolares, otras, en cambio, prefiguran ya la madurez creativa en nuestro departamento de este género literario. No sobra decir nuevamente que las apreciaciones son subjetivas, y que quizá lo que a unos no nos gusta encuentra el gusto y acomodo en otros. Manes de las complacencias, nada más.
Este listado esperamos sirva para los estudios que se han hecho sobre la novela en Nariño, tales como los de Cecilia Caicedo (1990) y Jorge Verdugo Ponce (2004), y que requieren la debida actualización, propia de toda dialéctica que busca reconocer las epistemes que se dan en determinado contexto, en este caso nuestro departamento.

Jorge Verdugo










Con seguridad faltan muchos nombres y títulos, agradecemos a los lectores consignar los respectivos datos para ir actualizando este listado.
Gracias.

Arteaga Moreno, Luis Homero (Pupiales). La niña Romelia. Pasto: Alcaldía de Pasto, 2013.












Bastidas Padilla, Carlos. (Ricaurte). El guerrero y los centauros. Bogotá: Panamericana, 2010
--------------- Serenata para una rana. Bogotá: Panamericana, 2016.











Bastidas Pantoja, Juan David (Pasto) Los pétalos azules - La tierra de las cordilleras. Bogotá: Promolibro, 2018













Bolaños Martínez, Luis Ángel (Pasto). Secreto en la espiral de los tiempos. Pasto: Edinar, 2013.












Bustos, Emmanuel Lawrence (Pasto). La aldea de las palomas. Sd. 2015.













Cabezas Prado, Félix Domingo (Barbacoas). Vientos enjaulados. Cali: Jeriba, 2012.













Caicedo Jurado, Cecilia. (Guachucal). Verdes sueños. Pasto: Gobernación de Nariño, 2011.











Cerón Martínez, Orlando (La Unión). Después de medianoche. El robo del siglo. Pasto: Graficolor, 2013.












Chamorro, Julio César (Ipiales). Las mujeres que amé. Ipiales: Cedigraf, 2012.












Corella Hurtado, José María (Barbacoas). Don Arsenio y la ciudad de los pianos. Pasto: Tipografía Cabrera, 2013. 





Delgado Ortiz, Eduardo (Pasto). Dionisia. Cali: Metáfora Ediciones, 2010.
España Eraso, Jonathan Alexander (Pasto). Travesías. Pasto: Alcaldía de Pasto, 2013.











Estrada, Stella (Tumaco). Nadie muere la víspera. Ourense: El Cercano Ediciones, 2016.
------------- Írimo. Ourense: Ediciones Malberte, 2007.
------------- El doctor sin letras. Madrid: Huerga y Fierro Editores, 2005.












Niño Arteaga, Yesid (Ipiales). Fragmentos. Sd. 2016.












Ortiz Lemos, Jairo Anaxarco (Barbacoas). Santa María préstame tu ombligo. Bogotá: Collage Editores, 2013.












Oviedo Risueño Miguel (Ipiales). En tinta verde. Bogotá: Uniediciones, 2018.
---------------- Siempre llega la noche. Bogotá: Uniediciones, 2017.
---------------- Leticia amaneció desnuda. Mendoza: Octavo Pecado, 2015.













Rodríguez Saavedra, John Jairo (Sandoná). Muerte de conejo por vodka. Santiago de Chile: Editorial Ceibo, 2014.
--------------- Desayuno & teléfono. Pasto: Secretaría de Cultura, 2013.












Sánchez Pardo, Henry (Ipiales). El impío. Ibagué: Casa de Libros, 2017.













Seidel, Oscar (Tumaco). El dulce olor de Puerto Perla. Madrid: Sial / Casa de África, 2018.
---------------- Hasta cuándo me persigues. Ibagué: Casa de Libros, 2019.












Torres Guerrero, Andrés (Pasto). Sótanos. Bogotá: Panamericana, 2009.









Vonblón, Ligia (Tumaco). Mi nombre es María Salomé. Cali: Graficas Santamaría 2019
---------------- Una luz en los volcanes.Cali: Leo Ediciones, 2017
---------------- Salvador, el hombre que amaba el mar. Cali: Leo Ediciones, 2016
---------------- Leyendas de la arcadia.Cali: Feriva, 2014.
---------------- La hija de la laguna. Cali: Feriva, 2012
---------------- Marieta. Cali: Feriva, 2010

martes, 13 de junio de 2017

Más Allá del Galeras


Más allá del Galeras


 

Más allá del Galeras, (Miguel Oviedo Risueño - Colombia). Es un libro de cuentos, narración e historias de nuestra tierra. Su autor lo ha signado también como recuerdos... 

En conjunto, sigue siendo un compendio de fábulas terrígenas narradas a modo de personajes que se construyen a cada momento y se eternizan en el tiempo. 

Más allá del Galeras obra necesaria en la vida de cualquier lector que seguirá maravillándose con esos trazos de vida que alimentan las páginas de esta obra, clara fuente de inspiración, que se convertirán en tus nuevos aliados gracias a las historias que incluyen: "Un solo recuerdo". "Una noche larga, lluviosa, eterna y misteriosa". "Solo veinte días con mi padre", y.  "Más allá del Galeras".            

Cuatro historias que tienen  la capacidad para deslumbrar a un lector que devorará de una sola vez estos relatos cuya extensión no está reñida con el tiempo, el suspenso y, por supuesto, la inspiración para que también soñemos en mundos disimiles, que se presentan vividos en esta obra literaria.


“Más allá del Galeras”, narración terrígena, mestiza, bucólica, proclive al delirio visionario, a la devoción por las más picudas alquimias del alma y a la aventura de perderse en atalayas inéditas, atraídas por las nieves cumbres y por el minifundio retador, es prueba del irrevocable anclaje con lo nariñense, con lo pasto, con su reproche milenario y su trova arrebatada. 


___________________________________________________________
Miguel Oviedo Risueño. (Ipiales-Nariño-Colombia 1960) Escritor, Poeta, comunicador social. Magister en Etnoliteratura de la Universidad de Nariño. Ha cursado estudios de: Administración Publica y Comunicación Social-Periodista. Publicaciones: “Sin Agua en el Desierto” Poemas, publicado en 1991; Segunda Edición en 2012. “Más Allá del Galeras” y otros cuentos, publicada por la  DI y la Alcaldía de la Ciudad de Ipiales, en 1994. “¿Dónde Soñaras Esta Noche?”, publicada en 1995; Segunda Edición en 2012. “Al Morir el Sol Cuentos de Casi en la Noche.  (BuboK Colombia 2011). “Poemas en punto G. Poemas en punto de Guerra” Publicado por Free-ebooks en 2012. “Vuelo de Commetta”  Cuento infantil publicado por Autoreseditores en 2013. “Al Morir el Sol Cuentos de Casi en la Noche” Publicado por BuboK Ediciones en 2014. “La Ventana de las Ocho” Publicado por Free-ebooks en 2015. “Leticia amanecio Desnuda” Novela publicada por Octavo Pecado Editorial (Argentina) 2015. “Siempre Llega la Noche” publicado por Zenocrate – Uniediciones del Grupo Editorial Ibáñez 2017.
______________________________________________


UN SOLO RECUERDO
 






L
a luna se asomaba, tras los negros nubarrones de la noche, y hacía filtrar por entre las rendijas de pajizas lumbres, su luz blanca y brillante, luz que transformaba en figuras de leyenda las bocanadas de humo que subían impulsadas por el calor de las brasas y juguetonas danzaban por entre las paredes del techo.

Tres piedras en el centro de la circular pieza, servían de tulpas en las cuales se atizonaban furiosas las llamas que daban vida a los secos leños quienes gustosas, salpicaban en grandiosas llamaradas de alegría chispeante y decoraban con miles de estrellas que se reventaban sobre los palos del techo.


SOLO VEINTE DIAS CON MI PADRE






E
sa tarde el viento se olvidó de barrer las calles, las sombras que se adueñaban del día, también demoraron su entrada triunfal de siglos. Un amarillento sol de los conejos luchaba furioso por romper con sus rayos las gruesas nubes del ocaso.

Jorge se levantó tarde. “Se me pegaron las cobijas, le refunfuñó al espejo” y arrastrando sus cuarenta años se dirigió al lavadero, sus gruesas manos chapotearon el agua antes de echársela en la cara, se dejó secar su piel mojada al sol, se alisó el cabello, se miró nuevamente al espejo. Le parecía que había transcurrido tanto tiempo, al ver reflejado su rostro, cada arruga de su fruncido ceño, le recordaba las penalidades de sus días. Se calzó sus mejores botas, se vistió con el mejor de sus trajes y regresó al espejo. Sonrió al mirarse vestido así.

UNA NOCHE LARGA,  LLUVIOSA,
ETERNA Y MISTERIOSA





L
a tristeza de la noche se reflejaba en el espejo misterioso de los vientos, en forma de tupidos alfileres, se apiñaba la lluvia cayendo incesante y haciendo aún más palpable el espejismo de misterio de la tenebrosa noche. La faz de una mancha que luchaba por abrirse paso entre los nubarrones, no era luna, era simplemente una idea de ella.

Todo carecía de realidad, nada pintaba color alguno; miré la calle, una que otra persona apuraba el paso, cubriendo como pudieran sus cuerpos. Volví a mirar sobre mi hombro, creo que por segunda vez, en goterones se deshacían mis cabellos, poco me importaba, traté de encender un cigarrillo pero el agua me lo impedía. Desvié mi pensamiento tratando de que retornaran mis recuerdos, pero solamente obtuve tu imagen, pasé mi mano sobre mi cara y me imaginé una tibia manta cubriendo mi cuerpo. 

MÁS ALLA DEL GALERAS




C
aminando en la languidez del mundo, rompiendo uno, a uno los temores, desgarrándome a mí mismo contra el viento, siempre con mi pecho al frente, caminaba hacia la tarde; la cual se me presentaba como un reflejo raudo antes de la llegada de la noche, ésta lentamente traía su presencia milenaria acompañada del cántico hecatómbico de un búho para entregarme con su aliento una mirada de esperanza.

Una bocanada de humo en el viento sórdido y frío rompió la tradición milenaria del silencio. ¿De dónde provenía ese húmedo calor?, ¿de dónde languidecía en el frío ese vapor de presencia? Me pregunto si acaso a los tres mil metros de altura en la oscuridad de la noche ¿se podría vislumbrar la presencia de la vida?; pensaba que vagaba solitario en la penumbra fría de la noche, pero no, mi cuerpo, mis nervios, mi mente percibían la presencia de una mirada al acecho, sentía la presencia de alguien en la maleza oscura de aquel monte.

Encendí un cerillo, pero la chispeante llama no alcanzó a mostrar su luz, pues el pegajoso viento no quería que la oscuridad virgen de las montañas fuera perturbada; como pude y después de algunos intentos encendí una pequeña fogata, la visión desconocida que me dieron las llamas asustó a mi pensamiento y llenó mi cuerpo de terror. Mi primer impulso fue coger la funda que guardaba mi machete, sentir en mis manos el frío acero y protegerme con su semi-seguridad, que poco a poco envenenaba mi alma al sentir la supremacía del arma en las manos; pero nada, mis ojos no podían distinguir nada, solamente el sentir de esa presencia me mascullaba su mirada más allá de mis huesos estremeciendo así mi sécula interior.